
Cuando el duelo nos visita
«En la medicina y en la vida, aprendemos que llorar es también sanar»
Hermano médico, en tu consultorio has visto el rostro del duelo. Quizá hoy mismo acompañaste a una familia en su despedida, o acaso llevabas dentro una pérdida sin resolver. Como profesional de la salud, a veces crees que no hay espacio para tu propio dolor, que debes mantener la compostura mientras cuidas a otros. Pero Cristo mismo se permitió llorar ante la tumba de Lázaro, enseñándonos que la tristeza honesta no es debilidad.
El duelo es el precio del amor. Cada lágrima que derramas es testimonio de una vida que tocó la tuya, de un vínculo que importó. Hoy, en lugar de reprimir tu dolor, reconócelo como parte de tu humanidad. Dios no te pide que seas una máquina de diagnósticos, sino un instrumento de compasión. Permite que tu experiencia del duelo te haga más empático, más presente con quienes sufren. En tu vulnerabilidad, encuentras tu mayor fortaleza.
«Jesús lloró» — Juan 11:35
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